Mientras en gran parte del país se conmemora con orgullo la Batalla de Puebla, en la región del Évora —conformada por los municipios de Salvador Alvarado, Angostura y Mocorito— no hay tiempo para celebraciones patrias. Aquí, la realidad tiene otros ritmos: no hay desfiles, sino caravanas; no hay banderas ondeando, sino rutas que se evitan; no hay himnos, pero sí nombres que se susurran, los de los desaparecidos.
En esta tierra de trabajo, historia y raíces profundas, la batalla no es contra un ejército extranjero. Es una guerra sin declaración, sin parte oficial, pero con consecuencias tangibles. Una lucha contra el miedo, la violencia y el silencio que envuelven a las comunidades. Aquí no se recuerda la historia… se vive, día a día, en forma de incertidumbre, desapariciones y un anhelo colectivo de paz.
Mientras en el sur se aplaude una victoria de hace 163 años, en Sinaloa se sigue peleando la batalla del presente. Una que no aparece en libros de texto ni en discursos oficiales. Una que no se celebra con confeti, pero que se resiste con dignidad.
La Región del Évora no necesita fechas para recordar el valor, porque aquí el coraje se ejerce cada día, en cada familia que sigue adelante, en cada comunidad que no se rinde.


