México | Con los niveles actuales de sequía y el bajo almacenamiento de agua, Sinaloa se encuentra en un escenario donde resulta prácticamente inviable la realización del próximo ciclo agrícola primavera–verano, una advertencia que prende focos rojos no solo a nivel estatal, sino nacional.
El señalamiento fue realizado por el geofísico sinaloense Juan Espinoza Luna, quien a través de sus redes sociales difundió un análisis basado en información del Monitor de Sequía de la Comisión Nacional del Agua y en las condiciones reales de disponibilidad hídrica en el estado.
De acuerdo con los datos más recientes, el 72.8 por ciento del territorio mexicano presenta algún grado de sequía, desde moderada hasta excepcional. Los estados más afectados son Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Sinaloa, Durango, Zacatecas, Guerrero y Michoacán, regiones que concentran una parte sustancial de la producción agrícola del país.
En Sinaloa, la situación es crítica. Cerca del 50 por ciento del estado se encuentra bajo sequía moderada, mientras que alrededor del 5 por ciento presenta sequía severa y otro 5 por ciento sequía extrema, justo cuando el ciclo agrícola aún no concluye y las presas no muestran una recuperación significativa.
Espinoza Luna advierte que, bajo estas condiciones, planear un ciclo primavera–verano sería técnicamente impensable sin comprometer el abasto de agua para consumo humano y sin agravar la presión sobre las presas del estado, cuya función principal es garantizar la seguridad hídrica de la población.
El problema no es aislado ni reciente. En la última década, México ha enfrentado una intensificación sostenida de los periodos de sequía. Entre 2012 y 2024, más del 60 por ciento del país ha registrado episodios recurrentes de sequía severa, con impactos directos en la producción de alimentos, la economía rural y la disponibilidad de agua.
Sinaloa, considerado el principal productor agrícola del país, depende casi en su totalidad del agua superficial almacenada. Cuando ese respaldo falla, el impacto se extiende más allá del campo y golpea a toda la economía regional.
El estado es líder nacional en exportación agrícola. En el caso del maíz, cultivo base de la soberanía alimentaria, Sinaloa siembra en ciclos normales más de 600 mil hectáreas y produce arriba de 6 millones de toneladas. En tomate, uno de los principales productos de exportación, se cultivan alrededor de 25 mil hectáreas con una producción cercana a 1.2 millones de toneladas, mientras que en chile verde se siembran más de 30 mil hectáreas, con una producción aproximada de 700 mil toneladas destinadas en gran medida a mercados internacionales.
Sin embargo, la sequía ya ha dejado huella. En los últimos años, Sinaloa ha dejado de sembrar entre 100 mil y 200 mil hectáreas agrícolas por falta de agua, principalmente en ciclos donde las presas no alcanzaron niveles suficientes para garantizar riegos completos, siendo el maíz uno de los cultivos más afectados.
La imposibilidad de establecer el ciclo primavera–verano pondría en riesgo miles de empleos, afectaría la cadena agroindustrial y reduciría de manera significativa la oferta de alimentos tanto para el mercado nacional como para la exportación.
El especialista subraya que insistir en ciclos agrícolas sin respaldo hídrico suficiente no solo es inviable, sino peligroso, pues acelera el agotamiento de los embalses y deja al estado vulnerable ante una crisis de abastecimiento.
La sequía ya no es una amenaza futura. Es una realidad presente que obliga a replantear la planeación agrícola y el uso del agua en Sinaloa y en el país.
El mensaje es claro: sin agua, no hay ciclo agrícola.


