Guasave | Sinaloa | Con el mar vedado y las redes recogidas, los pescadores de comunidades como Campo Pesquero El Caracol, El Huitussi, El Coloradito y Cerro Cabezón viven días difíciles tras la entrada en vigor de la veda del camarón, jaiba, tiburón, mantarraya y ostión. Desde que la medida se impuso en abril, la mayoría de las pangas permanece varada y la actividad pesquera se ha desplomado, dejando a cientos de familias en una situación crítica. Las cooperativas, que antes se movían como colmenas en temporada buena, hoy están paralizadas por completo.

Sin camarón que capturar ni jaiba que levantar, los hombres y mujeres del mar han tenido que buscarle por otro lado. Algunos se aferran a la escama, la almeja y la lisa, aunque saben bien que esas especies apenas dan para el combustible. Otros se han ido al surco, a la obra o hasta al norte, en busca de jornal. “Aquí nos estamos rascando con nuestras propias uñas”, dicen los más veteranos del Huitussi, viendo cómo la juventud se aleja de la pesca para no morir esperando que vuelva la marea buena.
Desde el gobierno del estado se han activado algunos apoyos, como la contratación de cooperativas en tareas de inspección y vigilancia, además de incentivar la pesca de mojarra, pargo y robalo. Pero en lugares como El Caracol y El Coloradito, la gente asegura que eso no alcanza ni para medio costal de hielo. Los líderes pesqueros exigen programas más amplios y sostenibles, porque lo que hay, aseguran, “es pura aspirina pa’ un dolor de huesos”.
Mientras la veda siga y el mar permanezca cerrado, los campos pesqueros de Guasave seguirán en pausa. Las redes secándose al sol, las pangas flotando vacías, y las familias buscando cómo estirar los pesos. Pero en cada comunidad, entre las redes colgadas y los motores apagados, se escucha el mismo clamor: que el mar vuelva a dar, que la pesca regrese, y que no se olviden de quienes han vivido toda la vida del agua salada.


