Ciudad de México / empresario Ricardo Salinas Pliego volvió a poner el dedo en la llaga. Más allá de los ataques personales que asegura ha recibido desde Palacio Nacional y ahora también desde la presidencia de Claudia Sheinbaum, su mensaje refleja una realidad que viven todos los días cientos de emprendedores en México: el SAT se ha convertido en el principal obstáculo para crecer y mantenerse en la formalidad.
Salinas Pliego lo dijo claro: lo que está en juego no es un pleito entre dos personas, sino la confianza del país entero. Y en ese punto, miles de microempresarios coinciden. Los altos impuestos, la rigidez de las reglas fiscales y la falta de incentivos provocan que la mayoría de los pequeños negocios prefieran mantenerse en la informalidad, antes que ahogarse con trámites y pagos imposibles de sostener.
Hoy, México enfrenta una paradoja peligrosa: se exige a los empresarios que sean motor de empleo y desarrollo, pero al mismo tiempo se les carga con impuestos adelantados, cuotas excesivas y cero facilidades para crecer. En ese escenario, no solo las grandes corporaciones levantan la voz; también los pequeños talleres, tiendas y comercios de barrio que sobreviven al margen del SAT.
La propuesta de Salinas Pliego de abrir una mesa de diálogo seria y transparente debería ser escuchada con atención. Porque los empresarios no piden privilegios, sino reglas claras y justas. Lo que buscan es lo mismo que millones de mexicanos: invertir, trabajar y generar empleo sin que el gobierno los vea como enemigos.
Y aquí la reflexión es contundente: mientras no haya un cambio de visión desde las más altas esferas del poder, México seguirá viendo cómo sus emprendedores optan por la informalidad, cómo se frena la inversión y cómo la desconfianza crece.



