La traición que desató el infierno: un año de guerra en Sinaloa tras la caída de ‘El Mayo’ Zambada

Culiacán | Sinaloa | Este 9 de septiembre se cumple un año desde que la captura y entrega de Ismael “El Mayo” Zambada detonó una sangrienta guerra interna en el Cártel de Sinaloa, un conflicto que ha transformado por completo la vida en el estado. Discreción y bajo perfil, lujo silencioso, la lealtad de sus tropas y una gran habilidad para negociar hicieron que durante más de dos décadas el llamado Señor del Sombrero lograra evadir cualquier intento de detención o abatimiento, a pesar de ser identificado como cofundador y líder de una de las organizaciones criminales más poderosas del mundo.

Lo que nunca imaginó es que su ruina se escondería en un joven al que años atrás él mismo apadrinó. El 25 de julio de 2024, Joaquín Guzmán López orquestó una meticulosa operación para secuestrar y entregar a El Mayo a agentes del FBI en Estados Unidos. Ese golpe no sólo significó el final de la trayectoria del capo, sino que detonó la fragmentación definitiva del cártel y un conflicto armado entre sus herederos y los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Entre septiembre de 2024 y agosto de 2025 se registraron más de 1,800 homicidios en Sinaloa, de acuerdo con cifras oficiales, aunque estimaciones periodísticas ubican el número en alrededor de 1,600, lo que equivale a un promedio de más de cinco asesinatos diarios. La violencia no se ha limitado a los homicidios: en tan solo nueve meses, 1,862 personas fueron reportadas como desaparecidas, de las cuales 873 corresponden a Culiacán y municipios aledaños. Los colectivos de búsqueda hablan de una crisis humanitaria sin precedentes en la entidad.

Junio de 2025 fue catalogado como el mes más sangriento en más de una década con 207 homicidios, seguido de julio con 170. Se han registrado jornadas en las que hasta 30 personas fueron ejecutadas en un solo día, con escenas de extrema crueldad que han sembrado el miedo entre la población.

Ante el desbordamiento de la violencia, el gobierno federal desplegó más de 11 mil elementos militares en Sinaloa. Sin embargo, la tasa de policías estatales sigue siendo crítica, con apenas 0.33 por cada mil habitantes, muy por debajo del estándar internacional. Los operativos han dejado cifras importantes: 1,500 detenidos, más de 3,000 armas decomisadas y 53 toneladas de drogas aseguradas, además de cientos de laboratorios clandestinos desmantelados, sobre todo en zonas serranas. Pese a ello, la violencia no cede.

El costo social también es elevado, con al menos 600 negocios formales cerrados en Culiacán y una economía local paralizada. Las familias viven entre el miedo, la incertidumbre y el desplazamiento forzado.

Aunque las operaciones de seguridad han golpeado con mayor frecuencia a los Chapitos, la facción de los Zambada, liderada por Ismael Zambada Sicairos, alias El Mayito Flaco, también ha sufrido bajas: la detención de Juan Carlos Félix Gastélum, “El Chavo Félix”, yerno de El Mayo y considerado el segundo al mando, capturado en enero de 2025 en Quila, Culiacán, y trasladado al penal del Altiplano; así como la muerte de Carlos Alberto “N”, alias El Cadete o El M100, en un enfrentamiento en junio en la colonia Guadalupe Victoria.

En medio de la guerra, la Mayiza cerró filas con el Cártel de Guasave, encabezado por Fausto Isidro Meza Flores, “El Chapo Isidro”. También cuentan con el respaldo de viejos socios como los hermanos René y Alfonso Arzate García, Juan José Ponce Félix “El Ruso”, los Cabrera Sarabia de Durango y Alfonso Limón Sánchez “El Limón”, líder de las Fuerzas Especiales Limón. Figuras históricas como Rafael Guadalupe Félix Núñez “El Changuito Ántrax” y células emergentes como Los Rugrats, Los Valenzuela y Las Flechas MZ refuerzan las filas de esta facción.

Los lugartenientes de La Mayiza han cultivado el anonimato como estrategia: alias como El Comanche, El Yuko, El Meño, El Güero Reyna, El Chente, El Abuelo, El 20, El 30 y El Legionario del Desierto figuran en reportes de inteligencia y narcocorridos, junto con nombres más recientes como El Papas Fritas y El Bitache, este último señalado como lugarteniente de El Chapo Isidro.

A un año del estallido de la guerra interna, Sinaloa permanece atrapado en un escenario de horror cotidiano. La militarización, la fragmentación criminal y el incremento de asesinatos y desapariciones dibujan un panorama sombrío, donde la paz parece cada vez más lejana.

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