Guasave | Sinaloa | En las extensas tierras agrícolas del municipio de Guasave, donde el maíz dorado se extiende hasta donde alcanza la vista, una tradición tan antigua como las cosechas mismas sigue viva: la pepena de maíz. A pesar del avance tecnológico y los cambios en las prácticas agrícolas, los pepenadores, hombres, mujeres y niños continúan su labor bajo el sol abrazador, recolectando las mazorcas que quedan atrás tras la trilla.

La pepena, como se le conoce localmente, es una práctica heredada de generación en generación. Consiste en caminar entre los surcos de tierra seca después de la cosecha mecanizada, recolectando los restos de maíz que no fueron levantados por las máquinas. Para muchos, no solo representa una fuente de ingreso, sino también un acto de identidad y resistencia cultural.
La jornada de un pepenador inicia al amanecer. Con costales al hombro y sombreros de palma, se internan en los campos. La labor es pesada y el pago, incierto. El maíz recolectado se utiliza principalmente para autoconsumo o para alimentar animales, aunque en algunos casos también se vende en pequeñas cantidades en los mercados locales.
Según datos proporcionados por agricultores de la región, la cantidad de maíz que queda tras la cosecha ha disminuido debido al uso de maquinaria más eficiente. Sin embargo, en zonas donde aún se utiliza el corte manual, la pepena sigue siendo una actividad viable.
La comunidad guasavense reconoce la labor de los pepenadores, quienes han convertido lo que muchos considerarían desecho en sustento. En tiempos recientes, colectivos locales han comenzado a organizar apoyos y ferias para dignificar esta labor, promoviendo la conservación de esta tradición como parte del patrimonio cultural de la región.
Mientras el sol cae sobre los campos sinaloenses, la silueta de los pepenadores continúa recortándose en el horizonte. Con cada mazorca recogida, reafirman su vínculo con la tierra, sosteniendo con manos firmes una tradición que, lejos de extinguirse, se adapta y perdura.


